domingo, 7 de septiembre de 2014

Guía didáctica II

Bloque 1: Reflexión

* Observa y analiza las siguientes fuentes y reflexiona a partir de las siguientes preguntas.
















  1. Elabora una lista en la que aparezcan los distintos tipos de familia que suelan ser representados o mencionados en los medios de comunicación y materiales educativos que conozcas (televisión, páginas web, revistas, novelas, libros de texto…)
  2. Elabora otra lista con todas las tipologías posibles que tú consideres como familia o qué conozcas a través de tu propia familia o allegados/as.
  3. Contrasta las listas a y b; valora qué representatividad tienen en los medios de comunicación y de educación los diferentes tipos de familias posibles que conozcas. Razona tu respuesta.
Bloque 2: Discusión grupal

* En grupos de 3- 4 personas tratad de definir con vuestras palabras los siguientes ítems:
familia, familia monoparental/ monomarental, familia adoptiva, homosexualidad, hermafroditismo, transexualidad.
Señalad los conceptos anteriores en el cuento.

Bloque 3: Teatralización

Foto de familia (Teatro imagen)
  1. Una persona se encargará de dinamizar y el resto caminarán por el lugar intentando ocupar todo el espacio disponible, equilibrando los huecos y no andando en círculos.
  2. La persona dinamizadora dirá la palabra “familia” cuando crea conveniente y de forma individual o en grupos de un número indefinido se hará una imagen sobre el concepto mencionado y de forma libre.
  3. Las imágenes se crearán al instante, sin dar mucho tiempo a los/as participantes para la reflexión. Una vez que la tengan, se quedarán unos minutos congelados, y cuando la dinamizadora vuelva a aplaudir, descongelarán las imágenes y continuarán caminando. 
  4. Después de repetir el ejercicio algunas veces los/as participantes (sin abandonar su imagen) deberán mirar a las imágenes de sus compañeras/os.
  5. Por unidad grupal o individual (según la formación que se haya representado), irán abandonando las imágenes y acercándose a las imágenes de los otros grupos, a modo de museo, comenzarán a explicar lo que ven en las imágenes, en las expresiones y los cuerpos de las personas que han creado las imágenes. Tratando así de definir los posibles tipos de familia, los cuerpos subversivos, el género…








Cuento II: Lazos


Bernarda Asildo Tintero vino al mundo en el año 2009. Su nacimiento fue fruto de la perseverancia e ilusión de Pepa Tintero y Asildo, y también, de un tratamiento de inseminación in vitro que le fue realizado en la Clínica 2 de Mayo. El éxito del tratamiento fue comunicado a la futura madre por la doctora Gloria Perez Bitieso, licenciada en bioquímica clínica en el año 1996 y que vive en el barrio de Villalperal, junto a Claudio. Claudio, es un mastín mezclado con otra raza sin determinar y fue abandonado el 5 de Agosto de 2013 cerca de la carretera de la Curvería. Por suerte, fue encontrado por Antonio Carnero Pardo de 56 años, vecino del barrio de las Amapolas, pareja de Leopoldo García y tío de Anton Pardo Ibañez. Anton, sobrino de Antonio, fue adoptado en 1990 en la estepa rusa, y era por aquel tiempo enfermero en prácticas en la clínica 2 de mayo, lugar donde conoció a la doctora Gloria Perez Bitieso.

El día que Anton le habló por primera vez del mastín a Gloria habían coincidido en una formación  obligatoria sobre riesgos laborales para los 67 trabajadores del edificio, y el curso fue instruido por José Eugenio Garrote Castillar. José Eugenio era el primogénito del teniente coronel José Garrote Gutierrez y de Casilda Castillar Beafuente. Casilda, enviudó a los 40 años y se quedó al cargo de José Eugenio Garrote y de sus 7 hermanos y hermanas. Para descanso de Casilda, 3 de los hermanos de José Eugenio, los más pequeños concretamente; se pasaron gran parte de la infancia en casa del matrimonio Cuervo Galván. 


La familia Cuervo Galván vivía en la planta superior del edificio primero de la

barriada de San Jorge en el ya desaparecido pueblo de Macondo. Juliana, la penultima hija de sus vecinos, siempre fue distinta al resto de sus hermanas y hermanos. A partir de los 12 años, nunca nadie le volvió a ver con un vestido puesto. A los 24 años inicio un tratamiento hormonal que le ayudaría a hacer la transición a Alberto Cuervo Galván, legalmente registrado como hombre el 21 de Enero del 2008 a sus 30 años de edad. Ese día, mientras esperaba en la antesala del Juzgado de instrucción número 2 de la ciudad de Nueva Bufalá, conoció a Haníbal Limón Peralta, un cuentacuentos que había denunciado a un agente antidisturbio por una agresión durante la concentración por la visibilización de identidades sexuales disidentes en la plaza de la Revolución. 


Lo que Alberto, antes Juliana, desconocía, era que el agente agresor era concretamente Ramón Freiras Atlantis de 42 años. Antiguo vecino del pueblo de Macondo y amigo íntimo de su vecino Jerónimo Garrote Castillar, segundo hijo de Casilda y del difunto militar José Garrote. Una amistad que no fue comprendida en el colegio religioso en el que se habían instruido, por lo que fueron sometidos a una serie de “talleres correccionales” diseñados por el propio arzobispo de la comarca. No pudieron finalizar su curación espiritual ni volvieron a verse nunca más, porque Ramón Freiras Espartis tuvo que abandonar el pueblo en busca de un mejor porvenir económico, como venían haciendo casi todos sus habitantes. Lo hizo, junto a Felisa Espartis Freiras madre soltera de Ramón a la edad de 15 años y única familia, puesto que durante su embarazo fue rechazada por sus padres y hermanos y abocada a desterrarse de su pueblo originario, La Santísima Piedad. 


Cuando Ramón Freiras Espartis y su madre Felisa llegaron a Esperanza, siguieron atravesando sendas dificultades. Ramón que se sentía solo y desubicado se unió durante un tiempo a una banda callejera de marcada intolerancia racial. Todos los lunes, único día de la semana que el Restaurant el Gran Señorío daba libre a Felisa, y durante un buen tiempo, ésta empezó a asistir a unos “grupos de mujeres” que conoció mediante una vecina del edificio contiguo con la que hablaba a través del patio interior que comunicaba ambos bloques de pisos.


En estos grupos conoció a Úrsula Zamora Rubianes, divorciada y madre de 2 hijos y una hija. Otilia que era la pequeña, nació con vagina, útero y ovarios, y también con una “pequeña protuberancia” como su madre alguna vez había dicho, que era en realidad un pene que le fue extirpado mediante cirugía plástica cuando la cría contaba apenas con 6 meses de edad. El quirófano fue desinfectado y esterilizado por una de las personas que se encargaban del mantenimiento y limpieza del hospital, Rosario Valls Moreno.


Rosario vivía sola, y se desvivía por todas las personas a las que quería. Y en lo alto de ese podio estaba su sobrino Otto, al que había ayudado todo lo posible y más allá para que alcanzara su sueño desde niño: ser piloto de avionetas. Otto trabajó y estudió duro sin descanso durante muchos años para poder costearse un titulo que a priori era inaccesible económicamente para un chico de barrio. Pero Otto lo logró y para ello entre otras cosas, donó su esperma en una ocasión. Fue el 13 de Noviembre del 2008, en la clínica 2 de mayo. Su esperma fue seleccionado solo 1 mes después por Pepa Tintero y Asildo y dio lugar al nacimiento de Bernarda. Futura filosofa y revolucionaria que acabará de desquebrajar la vieja y falsa idea de que todas las familias son una representación de un modelo tradicional que apenas existió y que cada vez menos tendremos que seguir aparentando.



“(…)La diversidad familiar debe legitimizarse enfatizando la naturaleza social, histórica y multicultural de la organización familiar en oposición a aquellas imágenes que la condenan a constituirse en una unidad natural, sacramentada, permanente, universal, rígida e ideal(…)” Ricardo Cicerchia


Guía didáctica I: ¡Ahora no sé quien soy!



Bloque 1: Reflexión

* Observa y analiza las siguientes fuentes y reflexiona a partir de las  siguientes preguntas.

(Fuente 1) Cortometraje: Majorité Opprimeé de Eleonore Purriat



(Fuente 2) Fotografía de Bondi Hipsters (a la izquierda) y MIranda Kerr (a la derecha)





En las dos fuentes, así como en el cuento, se cuestiona la validez de algunas de las características asignadas según el sexo. La sexualidad, la paternidad/maternidad, la estética, las relaciones sociales y otros aspectos son expuestos por hombres y mujeres de una forma distinta a la habitual.


  1. Elabora una lista de las diferencias que encuentras entre el género femenino y el masculino.
  2. Elabora otra lista considerando los atributos y características que te definen como persona.
  3. Contrasta las listas a y b; ¿Cuáles de tus atributos tienen que ver con el género que tienes asignado? Razona la respuesta.


Bloque 2: Discusión grupal

* En grupos de 3- 4 personas tratad de definir con vuestras palabras los siguientes ítems:
Mujer, hombre, masculinidad, feminidad, sexo, identidad sexual, género, identidad de género, rol.

*Señalad las situaciones en el cuento en las que los roles de género influyen en los acontecimientos de la historia y en la protagonista. 
¿Qué vigencia tienen los roles de género representados en el cuento? Recordad y compartid con los y las compañeros/as alguna situación en la hayáis detectado la presencia de los roles de género asignados a vosotros/as mismos/as u a otras personas.

Bloque 3: Teatralización

 ¿Cuál es mi rol?
  1. Se escriben en un papel los nombres de los y las personajes que aparecen en el cuento coincidiendo con el número de participantes en el ejercicio. Por ejemplo: Ariel, Garazi, madre de Ariel, padre de Ariel, abuela, personajes del cuadro (hombre noble y señora) portero de la discoteca, transeúnte que pide fuego a Ariel, compañeros y compañeras de clase…
  2. Una persona es encargada de enganchar el nombre de un personaje en la espalda de cada participante en el ejercicio, de modo que los participantes podrán saber quiénes son los personajes de los demás compañeros y compañeras pero no el suyo propio.
  3. Se distribuyen por la sala los participantes, ocupando todo el espacio caminando e interactuando de la forma que se desee, ya sea con un lenguaje más corporal o hablando.
  4. Tras unos minutos de interrelaciones y antes de conocer el nombre, deberán ponerse en fila tratando de adivinar a quién se le reconoce más poder socialmente. Cada persona tendrá que adivinar cual es su identidad de acuerdo a la reacción grupal.
  5. Luego de descubrir la identidad de cada unos de los participantes, volveremos al centro y abriremos el espacio para compartir lo vivido. Algunas posibles consignas a partir de las cuales podemos generar el debate son: estereotipos sociales, formas de oprimir, discriminación sexual…






Cuento I: ¡Ahora no sé quién soy!



Ya casi había terminado mi último año de instituto. Como es menester, el comité de estudiantes organizaba la fiesta de graduación. El lugar, el de cada año: una decadente discoteca afectada por la ley de costas. Los propietarios del viejo edificio alquilaban sus instalaciones a un precio irrisorio con el fin de estrujar los últimos céntimos antes de que fuera demolida por un ejercito de escabadoras. 

¡Era la fiesta de graduación! Después de la comunión católica, el segundo día oficial en el que nos daban la americanizada y mediática consigna de vestirnos como novias y camareros, o al menos eso me parecía a mí.
El caso es que mis 80 kilos en un metro y medio de altura no allanaban del todo el camino a la hora de hallar atuendo. Visité varias tiendas de alto tallaje pero los psicodélicos estampados, propios de señoras menopáusicas de clase media, encajaban más en unas bodas de oro que en una fiesta adolescente.

Llegué a casa con las manos vacías y observé como mi madre sufría en silencio por todo el tema. Tanto traté de consolarla, que accedí a que me construyera un vestido con unas viejas cortinas de nilón negras, con rosas rojas estampadas. Empaticé de tal modo con su profundo dolor, que incluso estaba dispuesta a ponérmelo y a salir a la calle. La mujer, se había esforzado mucho para que yo fuera de largo al evento. 

Consigue un 40% más de volumen. Tus pestañas quedarán alargadas, curvadas, tupidas. -Decía una morruda y bella actriz sudafricana en un anuncio de cosmética. Bajé a la mercería del barrio y adquirí el producto. 15 minutos después me hallaba golpeando la tapa del wc con un pie mientras me apretaba con la mano el ojo izquierdo repleto de pintura negra. Acabé de maquillarme, no sin antes rectificar el rojo pasión de mis labios bajo instrucciones de mi abuela, que consideraba que tanta pintura era excesiva en una señorita. 

Mi padre me esperaba en el coche para llevarme al lugar. Durante el camino me estuvo advirtiendo de todos los peligros a los que podía enfrentarme: hombres deseosos de engañarme solo para un rato; posibles envenenadores de vasos en el lugar, y un largo etcétera que desalentó las pocas ganas que me quedaban de ir. Dijo que pasaría a buscarme a las 22:30, negocié esa hora por las 23:00, con éxito. Aun así tendría una hora menos que la cenicienta.


Encontré a mi amiga Garazi esperándome en la puerta. Un hombre de mediana edad que parecía ser el portero nos recomendó entrar de inmediato pues no podíamos permanecer en la puerta obstaculizando el paso. –¡Niñas!– añadió.

Entramos en una sala donde estaba todo el alumnado de cuarto curso vestido de boda, mientras en los altavoces sonaban greatests hits de la década de los 90. Algunas chicas comenzaron a bailar. La mayoría de compañeros estaban sentados hablando. Algunos de ellos tampoco parecían muy confortables con sus corbatas. En el ambiente se palpaba efusividad y alteración. La gente gritaba más de la cuenta al hablar. Yo, sin embargo me sentía insegura y callada aunque abrigada bajo la cómplice sonrisa de Garazi. Pensaba en todos aquellos últimos años de instituto y me encontraba satisfecha por haber terminado con éxito; aun así había algo que no me dejaba disfrutar plenamente de aquello. Mi amiga, siempre atenta, me sacó a bailar un rato, supongo que tratando de que me relajara. Subimos a la tarima, sonaba julio iglesias, –soy un truhán, soy un señor–. No dominaba bien aquellos zapatejos, me pisé la cortina y parte del vestido se vino abajo. 

Sentí como si toda la sangre del cuerpo se me viniera a la cabeza. Calor. Dejé de ver con claridad. Sentía vergüenza por las posibles miradas a ese cuerpo que solía esconder y que ahora quedaba al descubierto. Pude vislumbrar una salida y corrí hacía allí. No sabía hacía donde iba pero no podía detenerme. Bajé unas anchas y largas escaleras y me detuve dos pisos más abajo para seguir por un corredor que conducía a una puerta grande y vieja. Bajé la maneta y empujé con fuerza la pesada puerta. Dentro, encontré lo que debía haber sido un lujoso salón ahora medio destartalado.

Era una sala inmensa. De extremo a extremo de la habitación había un bulto en el cual se intuía una larga mesa cubierta con una funda blanca. Cerré las puertas a mi espalda y un profundo suspiro salió de mis profundidades. Dejé caer la cabeza encima del pecho y cerré los ojos. Y en ese momento, descansé, sola, a salvo.

Al levantarla de nuevo, vi que entre los grandes cuadros polvorientos que habían en las paredes, había uno distinto al resto. Me aproximé para mirarlo más de cerca. Ese cuadro, en efecto, tenía algo extraño. 



Era el retrato de un personaje con aires de nobleza. Portaba un chaqué hasta las rodillas y un bastón. Lo curioso era que la sombra que proyectaba detrás, era una silueta de mujer y no la suya. Pero lo más inquietante del asunto era que la pintura parecía reciente, fresca. Pasé el dedo corazón por un extremo del cuadro y me llené de pintura. Como en un acto reflejo me olí la mano y un intenso olor a disolvente se coló por mis fosas nasales. Sentí como si una pesada piedra estuviera en el lugar de mi cerebro posterior y me empujara hacía el suelo en medio de un silbido metálico y constante que chirriaba en mis tímpanos; me quedé sin visión un segundo antes de notar como perdía el equilibrio y me desplo- 
maba hacía atrás, golpeándome durante la caída, con algo duro, como el titanio.

Abrí los ojos esperando encontrar la madrugada en mi habitación, era consciente de poco más que de mi anodina existencia. Sin embargo, seguía estando en aquel lúgubre salón y en mi cabeza resonaba el galope de los cuatro jinetes del Apocalipsis. Al parecer me había golpeado con uno de los armatostes cubiertos del lugar. Traté de levantarme torpemente varias veces, como si hubiera perdido el dominio sobre mi cuerpo. Me encontraba extraña y me estaba clavando algo a la altura de los riñones. Agarré lo que parecía un bastón y me ayudé con él para incorporarme. Cual fue mi sorpresa, que una vez en pie tratando de recomponer mis vestiduras me hallé sin mi ropa de cortinas. A cambio llevaba una especie de traje oscuro, pero lo más inquietante de todo, no era el atuendo. Sentí un miembro intruso en mi centro de movimiento. Me palpé y no pude evitar emitir un pequeño alarido de estupor. Al iniciar una titubeante marcha hacía no sabía donde, vi el cuadro de nuevo, y en él tan solo yacía la silueta de la mujer. Parecía ser que me había convertido en el hombre del fresco, maravilloso.


A decir verdad, mis nuevos zapatos y atuendo me permitían dar pasos con mayor seguridad y ahínco, me serví del bastón y me fijé en su empuñadura color verde turbio, como el agua de un estanque. Subí la escalera y llegué al salón de actos. Atravesé la sala buscando a Garazi y la vi sentada mirando su teléfono móvil. Levantó la cabeza e hizo una panorámica de su radio de visión, buscándome quizás. Si la abordaba directamente, igual se asustaría y llamaría la atención de toda la demás gente. Y en el caso de que no ocurriera, ¿cómo iba a creer que un señor con semejantes pintas de carca y rancio del barroco iba a ser yo? Desestimé esa idea y decidí salir a la calle a tomar el aire, pues aun me dolía la testa. De camino a la puerta me extrañó que ninguna persona se fijará en mi atuendo tan pasado de moda, esa indiferencia ante mi apariencia me  relajaba y otorgaba cierta seguridad inédita.

Me quedé en la entrada mirando pasar a los transeúntes. El portero, esta vez tan solo me dio las buenas noches. –Caballero–  añadió. Pasaban por ahí dos hombres de unos 30 años, cuando uno se acercó con un cigarro en la boca y me preguntó si tenía fuego. Le dije que no, y sonreí ampliamente y de forma espontánea, el tío hizo una extraña mueca, y avanzó rápidamente hasta alcanzar de nuevo a su acompañante. Me quedé perpleja. ¿Sería que regalar una sonrisa gratuitamente es una cosa más común en las mujeres? Nunca me había detenido a pensar en ese tipo de cosas.


Se me ocurrió regresar a la fiesta con la intención de observar alguna posible reacción ante mi anterior incidente con el puñetero vestido pero como vi que todo el mundo estaba a lo suyo, me acerqué a la barra para pedir algo que beber, pues mi cerebro había consumido todo el h2o de mi sangre con tanto incidente surrealista. Dejé mi bastón apoyado en la barra, en los dos extremos de ésta habían dos grandes focos que emanaban mucho calor y el camarero se demoraba demasiado en servirme la maldita copa, para mi desespero. En ese momento alguien me golpeo 2 veces por la espalda. Me giré lenta y sin fuerzas:  ¡Garazi! 

–¿Estás bien?– Me decía mientras no dejaba de pellizcarme el hombro. –No– le dije. - Siento que me voy a desvanecer. Hace mucho calor. - De pronto todo se tornó de un blanco muy brillante, un silbido monótono acuciaba mis oídos de nuevo. Parecía que me iba a caer en redondo, otra vez, mientras Garazi no dejaba de golpearme.

Escuchaba cada vez con mayor volumen: –¡Ariel, Ariel!– Pensaba que había vuelto a desplomarme en la barra, cuando abrí los ojos y me vi de nuevo en el salón de los cuadros. Bueno, de hecho lo primero que vi fue la cara de Garazi, asustada, tratando de reanimarme. En una rápida comprobación volví a sentir mis órganos originales y palpé con gran entusiasmo el horrible y harapiento vestido. –¿Pero se puede saber que coño te has tomado, Ariel?–  me inquirió la amiga. –Pues me he pegado un golpetazo con la condenada mesa al inhalar accidentalmente un poco de pintura de este cua…– Oí que Garazi hablaba pero había dejado de escucharla.

–¡Eso es!–  Grité. –¿El qué, es?– Preguntaba Garazi. –¡Este lugar!– dije. –Ai Ariel por favor, no te muevas creo que te has dado fuerte en la cabeza, tendríamos que ir al hospital!– A Garazi se le estaba poniendo cara de suma preocupación –No, Garazi, este lugar decadente, símbolo de otros tiempos, creado por otras personas antes de que naciéramos y sin embargo mira, aquí seguimos.- —Yo no te sigo colega, has debido inhalar demasiada pintura–. –No, no deliro Garazi. Algo me ha hecho darme cuenta de que algunas de las estúpidas inseguridades que me persiguen tienen que ver con lo que se espera de mi– –¿Y qué se espera?– Preguntó Garazi, atenta.  –Pues ahora soy más consciente: recibimos consignas a diario sobre cómo debemos comportarnos–. –Bueno somos adolescentes, le pasa a todos nuestros compis–.  –Puede ser, pero nuestras directrices son distintas de las que ellos reciben, ¿es que tienen que ser al final tan distintos nuestros papeles en la vida?– le dije subiendo el tono, como si creciera toda yo a través de esa certeza. –Vale tienes razón pero, ¿y qué tiene que ver eso con este horrible restaurante?–. –Bueno quizás algo de estas distinciones entre mujeres y hombres vienen de largo, mira este cuadro, la mujer a la sombra del caballero. “Detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer.”– . –Cambiar una sociedad parece complicado amiga, pero quizás podríamos empezar a cambiar algo dentro de nosotras mismas. Y se me ocurre cómo…– Me dijo Garazi mientras hacía su clásica mueca de vándala, tramando algún lío.  –¡Pues di!— . –Para empezar podríamos emborronar ese cuadro, pues la pintura parece fresca, y así disolver simbólicamente las barreras entre los géneros, pues están tan construidas como pintadas sobre el lienzo. Y subir de una maldita vez a la fiesta, claro– 


Me incorporé y junto a Garazi restregamos nuestras palmas enteras por el lienzo, incluso nuestros brazos, mezclando los colores del dibujo, fundiendo las líneas hasta formar una composición impresionista, como un cuadro de Monet. Después subimos las escaleras riendo, corriendo. Al llegar arriba nuestras estruendosas carcajadas causaron un silencio en la sala. La gente se volvió a mirarnos en silencio. Garazi me miraba a mí y se reía por debajo. Me lanzó un manotazo en la cara y me la pintó. Como acto reflejo me devolví y le pinté a ella también. Se acercó Manu aflojándose la corbata desde una esquina, sonriente. Y le aplasté toda la embadurnada mano en la cabeza. Todavía no sé cómo, casi todos acabamos con las ropas desencajadas, risotando entre caras conocidas, teñidas con óleos de colores. En medio de aquel tremendo y divertido escándalo alguien me dio unos suaves toques por detrás {Toc, toc} Era Garazi con algo que parecía un palo, me dijo que lo había encontrado cerca de la barra. Se lo arranqué de las manos para verlo más de cerca y no podía creer lo que mis ojos estaban presenciando. Era, sin lugar a dudas, el maldito bastón…




FIN

Presentación





Presentamos Identidades en Rebelión, un blog de cuentos y ejercicios para personas que transitan por la etapa adolescente.

Planteamos la familia, la identidad y las relaciones afectivas desde la diversidad y con el único fin de facilitar elecciones, en este sentido, saludables y que partan del deseo propio.

También, promovemos la reflexión acerca de los roles de género que todavía imperan con sutil ferocidad y que perjudican el cometido clave y evolutivo del ser humano: el desarrollo pleno y en igualdad de condiciones.

Por lo que, os invitamos, a través de las siguientes páginas a iniciar un viaje en el que podréis encontrar personajes y situaciones, tan cotidianas y naturales, como inusuales en la literatura, en los medios de comunicación y en los libros de texto.

De forma individual, o en grupo; con o sin la dinamización de una persona profesional o adulta, encontraréis una serie de ejercicios que os ayudarán a entender y a profundizar los contenidos y aprendizajes que aparecen en los cuentos.

Al final de las páginas, se encuentran algunas pautas ampliadas para facilitar la comprensión y ejecución de los ejercicios de teatralización que se proponen en las guías didácticas.


Sin más dilación, las autoras, os deseamos una feliz lectura y disfrute.